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Capítulo 4

***

La Teoría y Práctica de las

Relaciones Internacionales

Perspectivas Analíticas en Disputa

Andrew L. Ross

Andrew Ross proporciona pautas breves sobre las tres perspectivas analíticas que normalmente se adoptan en los trabajos de los estudiosos de las relaciones internacionales. Para el realismo, los estados son los actores más importantes, tienen unidad y racionalidad y la seguridad nacional domina la jerarquía de las cuestiones internacionales. El liberalismo enfatiza la función de los actores no estatales, manifiesta que el estado no es ni unitario ni racional y amplía la agenda de la política internacional a los temas económicos y sociales. El marxismo tiene su enfoque en la naturaleza capitalista del sistema internacional, su desarrollo histórico, en la dominación de las sociedades industriales avanzadas y la subordinación de las sociedades menos desarrolladas y en la forma en que las economías moldean los acontecimientos políticos. ¿Cuál de las tres perspectivas analíticas resulta útil?, ¿Se excluyen mutuamente el realismo, el liberalismo y el marxismo? ¿Qué perspectiva debería ejercer más influencia sobre las elecciones estratégicas de los EE.UU.?

La teoría debería iluminar en forma permanente todos los fenómenos, de manera que podamos reconocer y erradicar más fácilmente los obstáculos que surgen de la ignorancia; debería mostrar cómo se relaciona una cosa con la otra y mantener separado lo que es importante de lo que no lo es... La teoría no puede llenar la mente con fórmulas para resolver los problemas, ni puede marcar el estrecho sendero donde se supone que radica la única solución, resguardando principios a uno u otro lado. Pero sí puede brindarle a la mente un conocimiento más profundo de la gran masa de los fenómenos y sus relaciones...- Carl von Clausewitz.1

La teoría es un requisito previo para la acción. Ya sea de manera consciente o inconsciente, son las ideas respecto de la forma en que funciona el mundo y las expectativas sobre los resultados que se buscan, las que moldean las acciones. La acción efectiva requiere entendimiento y no hay entendimiento sin teoría.2 La teoría está incorporada en los conceptos, en los marcos analíticos y en los enfoques empleados por los estrategas y planificadores de fuerzas. Las decisiones que toman tienen su base en hipótesis –algunas explícitas, algunas implícitas, algunas simples, inclusive simplistas, algunas sofisticadas–sobre los acontecimientos que requieren respuesta, los problemas para los que hay que prepararse y la medida en que puede moldearse el mundo del futuro. La teoría es ubicua.

Las ideas, con frecuencia no reconocidas, sobre las que se basan las acciones de los líderes políticos y militares responsables de las interacciones de sus países con el resto del mundo, tienen sus raíces en tradiciones intelectuales opuestas que dan sustento a los análisis de las cuestiones de política, economía y seguridad internacional. Según ha observado el economista John Maynard Keynes: "las ideas de los economistas y filósofos políticos....son más poderosas de lo que por lo general se cree...los hombres prácticos que se consideran exentos de cualquier influencia intelectual, generalmente son esclavos de difuntos escritores académicos del pasado.3 Los desacuerdos entre los profesionales se originan en desacuerdos entre los teóricos y analistas que intentan explicar las relaciones internacionales.

Consideremos las siguientes evaluaciones divergentes sobre el fin de la Guerra Fría por John Mearsheimer, un ex oficial del Ejército y de la Fuerza Aérea, que luego trabajó como profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago (¡a pesar de haber estudiado en West Point!) y Jessica Mathews, quien trabajó para el Consejo de Seguridad Nacional y como Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Globales antes de convertirse en la presidente del Carnegie Endowment for International Peace (Fundación Carnegie para la Paz Internacional). Según Mearsheimer, la finalización de la Guerra Fría no significa el fin del sistema estatal, ni que los estados deban preocuparse menos por la seguridad, que durante la guerra fría. La política internacional seguirá siendo una actividad fundamentalmente competitiva que involucra a los estados con capacidad para infligirse daños masivos unos a otros.4

Mathews tiene una visión diferente:

El fin de la Guerra Fría no sólo ha producido ajustes entre los estados, sino una nueva redistribución del poder entre los estados, los mercados y la sociedad civil. Los gobiernos nacionales no sólo están perdiendo autonomía en la economía de la globalización. Están compartiendo poderes –inclusive funciones políticas, sociales y de seguridad centrales a la soberanía– con empresas, con organizaciones internacionales y con numerosos grupos de ciudadanos conocidos como organizaciones no gubernamentales... Hoy están despareciendo los absolutos esenciales al sistema Westfaliano, que postulaba la existencia de estados territoriales donde todo lo que tiene valor se encuentra dentro de las fronteras de mismo; una autoridad única, secular, que gobierna cada territorio y que lo representa en el exterior y ninguna autoridad por encima de esos estados.5

El desacuerdo entre Mearsheimer y Mathews es sólo la punta del iceberg. Existe y ha existido durante mucho tiempo un importante debate entre los analistas respecto de la naturaleza de las relaciones internacionales en el pasado, en la actualidad y en el futuro probable. El fin de la guerra fría sólo sirvió para reforzar conflictos de larga data. Ya sea que uno se concentre en los actores que se consideran los más importantes, en la importancia relativa de los niveles de análisis sistémicos, nacionales o individuales, en la evolución de la estructura del sistema internacional, en la preeminencia de los atributos nacionales tales como la democracia, la relación entre la política y la economía o las áreas problemáticas consideradas de la mayor importancia, abundan las controversias.

Esta controversia no puede desestimarse fácilmente. El análisis de las relaciones internacionales hoy no puede basarse y de hecho, jamás se ha basado, en un solo enfoque conceptual o paradigma.6 Por el contrario, ha tomado forma a partir de lo que Stanley Hoffman denominó "las tres grandes teorías de la política internacional"7: realismo, liberalismo y marxismo. Las conflictivas y hasta contradictorias hipótesis que constituyen las bases sobre las cuales se han construido estas tres teorías comportan la raíz de las controversias analíticas evidentes en los trabajos contemporáneos sobre relaciones internacionales.

Los argumentos adelantados por Mearsheimer y Mathews muestran apropiadamente las diferencias entre el realismo y el liberalismo: las dos perspectivas analíticas que dan forma al debate estratégico en marcha en los EE.UU. Aunque no tan ausente en los EE.UU. como intentaron hacernos creer sus críticos, tanto en el pasado como en la actualidad, el marxismo ya no es extraño para nadie. El Marxismo, o quizás más precisamente el neomarxismo ha sido, por años, la base de debates y opciones en todo el mundo. Por lo tanto, un entendimiento adecuado de los problemas, debates y opciones que enfrenta no sólo EE.UU. sino la comunidad internacional, requiere un conocimiento de los principios fundamentales subyacentes en las tres tradiciones analíticas. Según ha escrito Michael Doyle, "... al final del siglo veinte, se necesita cada uno de esos principios para comprender la política en el mundo."8

Las tres tradiciones analíticas sobre las relaciones internacionales y las controversias resultantes no son de poca importancia. No son ellas meras curiosidades académicas que los hombres y mujeres de acción pueden ignorar. Directa o indirectamente, las tres tradiciones intelectuales dan forma a las percepciones de lo importante y lo no importante en las relaciones internacionales, suministran las bases de los análisis de cómo funciona el mundo, sirven como fuente de alternativas estratégicas para manejar problemas internacionales y, en última instancia, constituyen las bases de las elecciones de los decisores.9 Es así que los decisores, tanto como los analistas, ya sea en forma implícita o explícita, reciben la influencia de estos marcos intelectuales. Y los decisores, no menos que los analistas, deben estar conscientes de las hipótesis sobre las cuales se basan sus elecciones. Quien se dedique seriamente a las cuestiones internacionales debe prestar atención a los postulados del realismo, el liberalismo y el marxismo. Según ha expresado Stephen Walt; "existe un enlace inevitable entre el mundo abstracto de la teoría y el mundo real [sic!] de la política"10 Las ideas tienen importancia.11

El objetivo aquí es no tratar de resolver las diferencias entre el realismo, el liberalismo y el marxismo ni argumentar a favor de uno a expensas de los otros. Algunas diferencias, puede decirse, son insuperables y, aunque no lo fueran, se requeriría más que estas pocas páginas para abordarlas. Por lo tanto, el objetivo aquí es más limitado: transmitir la esencia de cada una de las tradiciones analíticas, identificar las hipótesis centrales de cada perspectiva y aliviar las tensiones entre ellas.

El Realismo

Si bien ningún paradigma ha regido la teoría y práctica de las relaciones internacionales por sí solo, los proponentes de cada una de las tres tradiciones intelectuales, aunque pueden no haber ejercido una dominación casi hegemónica, seguramente han aspirado a ello. Como ha observado un notable actor de los debates tanto políticos como teóricos: "El realismo ha sido la tradición dominante en el pensamiento de la política internacional."12 El predominio del realismo se debe, en parte, a su larga e ilustre tradición. Mucho antes de que surgiera el término realpolitik (política real), la esencia del pensamiento y el comportamiento realista fueron captados en el concepto renacentista de la raison d´etát. El distinguido linaje intelectual del realismo incluye entre otros, a Tucídides, Maquiavelo y Hobbes.13 Este fuerte legado ha dado forma a los escritos de analistas más recientes, tales como Hans Morgenthau,14 Kenneth Waltz,15 y John Mearsheimer16 así como las acciones de figuras políticas como Richard Nixon y Henry Kissinger.

La preocupación central del realismo es la guerra y la paz. Dado que es la guerra la situación que más amenaza la supervivencia de los pueblos y los estados, los realistas se concentran en las guerras, especialmente en las guerras importantes entre potencias, las causas de las guerras y cómo se podrían evitar. En consecuencia, los profesionales alineados en el realismo están preocupados por mantener la seguridad nacional contra las amenazas militares externas.

El realismo contemporáneo gira en torno de seis hipótesis principales respecto de cómo funciona el mundo. La primera es que la política internacional es anárquica. Aquí la anarquía no debe tomarse como equivalente al caos. Los realistas consideran que el sistema internacional es anárquico porque, a diferencia de los sistemas políticos nacionales, no existe una autoridad política central que gobierne las unidades que conforman el sistema internacional. El sistema político internacional está formado por unidades políticas soberanas independientes –los estados– que no están sujetos ni regidos por autoridades políticas superiores. La soberanía reside en los estados, precisamente debido a la ausencia de una autoridad política central capaz de imponer el orden. La soberanía estatal significa que "formalmente, cada uno es un igual a todos los otros. Ninguno tiene derecho de ordenar, ninguno tiene la obligación de obedecer"17 Esta es la razón por la cual la anarquía prevalece en el sistema internacional.

La segunda de las hipótesis centrales es que el estado constituye la unidad política más importante, el actor fundamental en el sistema internacional. Las relaciones internacionales son las relaciones entre los estados. Los realistas reconocen, por supuesto, la existencia de otros actores no estatales. Pero sostienen que los actores no estatales no poseen ni la independencia ni las capacidades de los estados, en particular de los estados más importantes. Están formados por estados (organizaciones internacionales) o sujetos a ellos (organizaciones no gubernamentales). Los actores no estatales aún deben alcanzar la condición de estados. Sólo los estados son actores soberanos. Son los estados soberanos los que continúan tomando las decisiones críticas en las relaciones internacionales –decisiones sobre la guerra y la paz.

En tercer lugar, los estados son actores unitarios. A los fines analíticos, los realistas parten de la hipótesis de que los estados son actores unitarios, integrados que hablan con una sola voz en sus relaciones con otros estados. Los países confrontan al resto del mundo unidos, es el estado o el gobierno central el que trata con otros estados. El estado y la sociedad son uno, y los estados hablan por las sociedades, a las que representan. Los actores nacionales o sociales como los partidos políticos, las clases, los grupos de interés y los individuos no pueden representar al país en su totalidad en las cuestiones internacionales; sus intereses están subordinados al superior interés del estado. En forma similar, se supone que los componentes del estado deben coordinar su comportamiento y no actuar en forma independiente. Según las palabras de Viotti y Kauppi "El estado es un actor unitario en el sentido de que los realistas suponen que, en un momento determinado, tienen una sola política sobre un tema determinado."18 Una vez tomadas las decisiones, los desacuerdos se dejan de lado y el gobierno habla con una voz. Ni el poder ejecutivo, ni el legislativo, ni el judicial, ni las diversas burocracias que conforman el poder ejecutivo poseen intereses independientes del más amplio interés del estado o la nación.

Los realistas son conscientes de que ocasionalmente hay excepciones a esta regla. No es frecuente, tal vez cuando se trata de cuestiones menores y los riesgos son bajos, o cuando no existe una posición oficial, que los componentes del gobierno pueden manifestar su desacuerdo en forma pública o los actores sociales pueden expresare o actuar en forma independiente. Los realistas insisten, sin embargo, en que si las cuestiones son importantes o hay mucho en juego, no se produce, o rápidamente se disuelve, cualquier esfuerzo por realizar negociaciones independientes, sin coordinar con el resto del mundo. Por lo tanto, la hipótesis de que los estados son actores unitarios continúa siendo una hipótesis válida.

En cuarto lugar, los realistas también suponen que, a los fines del análisis, los estados son actores racionales tanto como actores unitarios.19 Se supone que los estados tienen la habilidad de identificar sus intereses y objetivos, reconocer los desafíos y las amenazas a sus intereses y objetivos, evaluar las alternativas que les permitan enfrentar los desafíos y amenazas, y elegir la alternativa que maximice sus intereses y objetivos. Por tanto, esta racionalidad es una racionalidad instrumental: los estados son capaces de realizar cálculos de costo-beneficio dentro del contexto de sus intereses y objetivos.

Los realistas son cautelosos al observar que, a pesar de la supuesta racionalidad de los estados, el éxito no está garantizado. La racionalidad no impide que los estados cometan errores y hagan malos cálculos por disponer de información incompleta e imprecisa. También ofrece poca protección contra los esfuerzos deliberados de algunos estados por engañar a otros estados respecto de sus intenciones, fortalezas y debilidades.

La quinta de las hipótesis principales del realismo sostiene que el sistema internacional es el elemento más importante en la determinación del comportamiento de un estado. En un sistema anárquico de estados soberanos que interactúan sin el beneficio de una autoridad central capaz de imponer orden, proveer seguridad, resolver conflictos y hacer cumplir las decisiones, los estados deben valerse por sí mismos. El sistema internacional, en otras palabras, es un sistema de auto ayuda.20 En un sistema de auto ayuda, los estados buscan asegurar su supervivencia mediante la acumulación de las capacidades, o poderes, necesarios para mantener la seguridad nacional. El poder que más importa a los estados no es el poder absoluto sino el relativo, especialmente el poder militar ofensivo y defensivo. Según la explicación de Mearsheimer: "...cuanto mayor es la ventaja militar de un país sobre los otros, mayor es su seguridad. Cada estado desearía tener el poder militar más formidable dentro del sistema ya que es la mejor manera de garantizar la supervivencia en un mundo que puede ser peligroso.21 La competencia por el poder y, por ende, los conflictos, son inherentes a un sistema anárquico, de auto ayuda – es imposible que cada estado tenga el "poder militar más formidable del sistema." Por tanto, para los realistas, el conflicto es inevitable y las políticas internacionales constituyen un juego de suma cero. Cuando lo que importa no es el poder absoluto sino el relativo, los estados pueden solo incrementar su poder a expensas de otros. Si un estado gana, el otro debe perder.

Ningún estado es inmune a la lucha a la que induce el sistema por la supervivencia y el poder. Ya sea que los estados persigan el poder mediante la construcción de capacidades internas o mediante alianzas y/o coaliciones externas, se encuentran motivados por esta lucha. Ni aun los estados que intentan aislarse a través de la adquisición de capacidades militares defensivas más que ofensivas encontrarán refugio. Los demás no dejarán de percibir una intención maligna y reaccionarán aumentando sus propias capacidades militares, llevando al estado orientado a la defensa, a responder. Este dilema de la seguridad es inevitable en la anarquía.22 No se puede escapar de las amenazas de guerra del mundo anárquico del realismo.

Las explicaciones realistas contemporáneas, destacan claramente las implicancias de una anarquía sistémica sobre el comportamiento del estado. Las características de los estados y líderes tienen poca importancia. No son las características de los estados –si es que son democráticos, autoritarios o totalitarios, republicanos o anárquicos– ni las de los líderes –ya sean idealistas o pragmáticos, morales, amorales o inmorales– sino la naturaleza anárquica del sistema internacional, su estructura y la posición que ocupa un estado dentro del sistema, lo que determina el comportamiento del estado. De acuerdo con uno de los líderes del realismo... "el realismo no distingue entre estados ‘buenos’ y ‘malos’ sino que, esencialmente, los trata como bolas de billar de diferentes tamaños.23

La sexta y última hipótesis del realismo es que, de todas las cuestiones que manejan los estados en las relaciones internacionales, los temas de seguridad nacional, en la forma en que se los ha concebido tradicionalmente, son los que más importan.24 Los temas de seguridad son prioridad en las agendas de las naciones. Para los realistas, la gran estrategia y la seguridad nacional constituyen la esencia de la alta política; todo lo demás, incluyendo la economía está relegado a la baja política. Esto no quiere decir que las cuestiones económicas no sean importantes. Más bien, significa que los realistas plantean que los temas de seguridad y los temas políticos relacionados, tienen prioridad sobre los temas económicos, no importa cuán vitales sean. En verdad, la alta política domina y da forma a la baja política, la política determina la economía – la economía está sujeta a la lógica de la política.25 Meansheimer es muy contundente en este punto: "...los estados operan tanto en un entorno político internacional como en un entorno económico internacional y el primero domina al segundo cuando ambos sistemas están en conflicto...Dado que un estado no puede tener un objetivo superior que el de la supervivencia, cuando hay que ejercer una presión verdadera, las consideraciones políticas internacionales serán primordiales en la mente de los decisores.26 En un sistema anárquico, de auto ayuda, los estados inevitablemente se preocupan por la seguridad nacional, la integridad territorial y la utilidad y fungibilidad del poder militar. Para los realistas, según observan Wayman y Diehl "la capacidad económica es importante sólo como medio para reforzar, mejorar y sostener la capacidad militar" 27

Liberalismo

El liberalismo es, especialmente en los EE.UU. y Europa Occidental la corriente intelectual que desafía al realismo.28 La estirpe intelectual del liberalismo que incluye a Platón, Aristóteles, Grotius, Locke, Montesquieu, Rousseau, Kant, Bentham y, en la economía, a Adam Smith y David Ricardo no es menos distinguida que la lista de los exponentes del realismo.29 Y sus defensores contemporáneos – Graham Allison30, Francis Fukuyama31, Robert Kehoane32 y Joseph Nye33 y John Ruggie34, por ejemplo– son tan reconocidos como cualquiera de los defensores contemporáneos del realismo. En cuanto a los líderes políticos del siglo veinte que se unen al liberalismo más que al realismo, los liberales colocan a Woodrow Wilson y a Franklin Roosevelt como los opositores a los realistas Richard Nixon y Henry Kissinger. Ud. elige.

Mientras los realistas se concentran en la guerra y la paz, el problema central de los liberales es el conflicto y la cooperación. Los liberales han adoptado en forma explícita una perspectiva más amplia que la de los realistas, cuya perspectiva, argumentan, es demasiado estrecha, hasta miope. Las relaciones internacionales son más que la guerra y la paz, la guerra no es la única forma de conflicto y la paz no es la única forma de cooperación. La política internacional está impregnada de conflictos económicos, ideológicos, culturales, sociales, religiosos y étnicos tanto como militares. La guerra no es la única amenaza a la supervivencia de los pueblos y de los estados: las pestes, la hambruna y las plagas también ponen en riesgo la supervivencia de los pueblos y de los estados.35 Y la cooperació n se lleva a cabo no sólo cuando hay paz sino también cuando el conflicto prevalece. Aun durante la Guerra Fría hubo cooperación entre EE.UU. y la Unión Soviética, entre la OTAN y el Pacto de Varsovia; ocasionalmente, la cooperación para el control de armas sirvió para mitigar el conflicto EE.UU.-Unión Soviética, Pacto de Varsovia-OTAN. Los profesionales liberales, en consecuencia, no se encuentran tan aferrados a los temas limitados de seguridad nacional como sus contrapartes realistas.

Los liberales continúan disputando cada precepto o hipótesis que los realistas consideran primordiales.36 En primer lugar, tienen reparos al carácter de anárquico que los realistas atribuyen al sistema internacional. Los analistas liberales están de acuerdo con sus colegas realistas en que no existe una autoridad política central dentro del sistema internacional que imponga orden, proporcione seguridad, resuelva conflictos y exija decisiones. Pero destacan que los estados y los actores cooperan, aun dentro de la anarquía, para que exista un orden, para mejorar la seguridad, resolver conflictos y poner en práctica las decisiones. Es posible la existencia de una sociedad internacional aun en un sistema anárquico de estados.37 Se ha desarrollado principios, normas, reglas, convenciones y procedimientos, algunos de ellos instituidos en el derecho internacional, para limitar, e inclusive, regir el comportamiento de los estados y otros actores.38 Los estados se han unido e invertido su soberanía para establecer instituciones y sistemas internacionales donde se materializan tales principios, normas, reglas, convenciones y procedimientos.39 "La anarquía" según la define Alexander Wend "es lo que los estados hacen de ella."40 La soberanía del estado no es inviolable, con frecuencia y, en forma deliberada, se la cede en un esfuerzo por crear y mantener instituciones que sirven de base para el orden y la sociedad internacional. Por lo tanto, según el criterio de los liberales, la soberanía es menos importante que para los realistas. Parecería que la soberanía está más celosamente protegida por los realistas que por los estados.41 En segundo lugar, los liberales rechazan lo que ellos consideran un estrecho enfoque del realismo que considera al estado como el actor central.42 Los estados no siempre son los actores centrales, especialmente, en lo que respecta a las cuestiones económicas internacionales, donde se destinan miles de millones de dólares por día a transacciones en las que los estados no participan. El alcance de las relaciones internacionales es mucho más amplio que el que los realistas reconocen; las relaciones internacionales implican más que las interacciones entre los estados. Incluye también las actividades de una verdadera sopa de letras de instituciones internacionales, mundiales, regionales y funcionales establecidas por los estados (tales como la ONU, UE, OSCE, OAU, OEA, ASEAN, APEC, British Commonwealth, OCI, OECD y OPCE)43 organizaciones no gubernamentales (Amnistía Internacional, CARE, Greenpeace, Oxfam y La Cruz Roja, entre otras), corporaciones multinacionales, organizaciones criminales, carteles de drogas, e individuos que operan a través de las fronteras de los estados. Estos actores no estatales tan diferentes y cada vez más numerosos interactúan con actores estatales y no estatales. Introducen en la agenda internacional temas que deberán ser analizados por los estados, se enfrentan a los estados y limitan su comportamiento, con frecuencia burlan la autoridad del estado y, en ocasiones, ejercen una influencia independiente sobre los acontecimientos.44 Algunos actores no estatales tienen medios que superan en varias veces los recursos de algunos de los estados con los cuales negocian.

Ni el estado ni el gobierno son una entidad abstracta, dentro de la caja negra que el realismo considera al estado hay un gobierno formado por organizaciones y burocracias, legislaturas y comisiones legislativas e individuos. Los estados actúan cuando actúan las organizaciones, las burocracias y los individuos. Las decisiones gubernamentales son producidas por organizaciones de mentalidad provinciana y, en ocasiones, soberbia entre las que, con frecuencia, hay escasa coordinación. Estas organizaciones basan totalmente sus acciones en procedimientos operativos estándar; sus repertorios y su flexibilidad son limitados; en consecuencia, tienden a adaptarse al cambio en forma lenta e incremental. Dentro de estas organizaciones existen burocracias donde los jugadores están distribuidos por jerarquías. Descartando la noción del realismo de un actor unitario, los liberales observan muchos actores o jugadores: Jugadores que no se concentran en un tema estratégico único sino en muchos diversos problemas intra-nacionales; los jugadores que actúan sobre la base de un grupo de objetivos estratégicos no uniformes sino, más bien, de acuerdo con varias concepciones de metas nacionales, organizacionales y personales; jugadores que toman decisiones gubernamentales no mediante una elección simple y racional, sino mediante el tira y afloja que es la política.46

Las percepciones de estos jugadores y las posiciones que adoptan en las cuestiones con que se encuentran, están muy teñidas por la posición que ocupan en el proceso de toma de decisiones –el lugar desde el que uno mira depende del lugar en el que está sentado.47

Los actores sociales –los partidos políticos, las clases, los grupos de interés, los medios, los individuos– también buscan influir sobre las decisiones del gobierno. Dichos actores sociales se enfrentan, compiten, negocian y transigen entre sí y con los jugadores gubernamentales en la búsqueda de incidir sobre las decisiones y acciones del gobierno. La política exterior así como la política nacional son el resultado del toma y daca pluralista de la política. Muchos analistas liberales, en realidad, rechazan la distinción realista entre lo nacional e internacional.

Este conjunto de actores públicos y privados –organizaciones, burocracias y funcionarios gubernamentales y partidos políticos, clases, grupos de interés, los medios y los individuos– tienen sus propios intereses y objetivos. Este conglomerado de intereses públicos y privados, a veces en conflicto y, con frecuencia, contradictorios, no guardan coherencia con la concepción realista de los "intereses nacionales". Existen muchos intereses, pero pocos intereses nacionales significativos. Por lo tanto, el concepto realista de interés nacional es, para los analistas liberales, una construcción ambigua e inclusive vacía. En verdad, dado que los debates sobre intereses nacionales van de lo abstracto a lo concreto, se hace más difícil lograr un consenso.

Finalmente, los liberales argumentan que la concepción realista de estado como actor unitario solo sirve para que los realistas no tengan que examinar de qué forma se toman las decisiones realmente y cómo se implementan. Según los liberales, los realistas simplemente no ven la esencia y la complejidad de la política dentro y entre los estados (o son demasiado cómodos para prestar atención a esos aspectos).

Una vez diseccionada la caja negra del estado, los liberales deben cuestionar también la cuarta hipótesis del realismo: la que sostiene que los estados son actores racionales. Si el comportamiento del estado es el resultado del tira y afloja de la política y del conflicto y las concesiones entre una multitud de actores públicos y privados, deben descartarse las nociones convencionales de racionalidad. Los estados no solamente proceden de manera lógica y racional desde sus intereses y objetivos hasta los desafíos o amenazas, sino que las alternativas para responder a los desafíos o amenazas hasta, finalmente, la selección de alternativas que maximicen sus intereses y objetivos. La política se infunde a cada paso del proceso de la toma de decisiones. Según lo dice Allison "...lo que ocurre no se elige como una solución a un problema sino que resulta de las concesiones, conflictos y confusiones de funcionarios con intereses diversos e influencia desigual."48 De esta manera, no nos queda racionalidad sino con una "racionalidad limitada", sin maximización u optimización del valor sino con la "satisfacción" del valor.49

Su énfasis en la política de la toma de decisiones también lleva a los analistas liberales a rechazar la quinta hipótesis del realismo. El sistema internacional no es necesariamente el determinante más importante del comportamiento del estado.50 Los determinantes a nivel nacional e individual compiten con los determinantes a nivel sistema de la política internacional. Las características de los estados y sus líderes pueden ser de gran importancia. Las democracias, parece, no se declaran la guerra entre sí.51 En verdad, hemos visto el surgimiento de una comunidad con seguridad democrática.52 Las democracias de Gran Bretaña y Francia se comportaron de manera diferente a la de la Alemana Nazi de la década del treinta. Los líderes políticos de los EE.UU. durante la guerra fría resaltaban que eran una democracia, un país de mercado libre mientras que la Unión Soviética era un país autoritario y comunista. Una Alemania democrática unida no inspira el mismo temor que inspiraba la Alemania unida monárquica o totalitaria. A nivel individual, Churchill y Hitler se comportaron de manera diferente, al igual que Roosevelt, Stalin y Gandhi y Pol Pot. El comportamiento del estado no es simplemente el resultado de la naturaleza anárquica del sistema internacional, su estructura y la posición del estado dentro del sistema. La naturaleza de los estados y sus líderes también importan.

Los analistas liberales rechazan también el argumento realista de que las relaciones internacionales son por naturaleza conflictivas. A pesar de la naturaleza anárquica del sistema internacional, la cooperación y el conflicto son evidentes entre los estados. Los estados no siempre viven en armonía, pero tampoco están constantemente en guerra entre sí. Con frecuencia, encuentran la forma de resolver sus diferencias antes de ir a una guerra. Los estados cooperan tanto para mejorar su seguridad como su bienestar económico. Las instituciones internacionales, la interdependencia económica internacional y la democracia trabajan para mitigar los efectos de la anarquía que inducen a la guerra. Los beneficios mutuos que surgen de la cooperación demuestran que la política internacional puede ser un juego de suma positiva. Los liberales se inclinan a acordar con Keynes en que: "si actuamos de manera consistente sobre las hipótesis optimistas, estas hipótesis pueden llegar a convertirse en realidad...si actuamos sobre hipótesis pesimistas, seguiremos, por siempre [sic], en el abismo de lo deseado."53

Finalmente, los liberales observan una gran cantidad de problemas en las agendas nacionales e internacionales y emplean una concepción de seguridad más amplia y abarcativa. Según Robert Keohane: "Tenemos una agenda enorme."54 Los temas de seguridad nacional tradicionales no siempre son prioridad en las agendas nacionales e internacionales.55 Los temas económicos rivalizan con los temas de seguridad cuando se trata de obtener mayores recursos; y un sinnúmero de otras cuestiones –sociales, culturales, ideológicas, religiosas, ambientales y de bienestar social— también se contraponen. La estrategia económica no es menos importante que la estrategia de seguridad nacional. La distinción realista entre la alta y la baja política es artificial y está pasada de moda. Y es la interacción entre la política y la economía la que impulsa los acontecimientos; en realidad, la distinción entre política y economía es tan artificial como la distinción entre la alta y la baja política.56

Los liberales sostienen que los realistas han defendido, durante mucho tiempo, una concepción innecesariamente limitada de la seguridad nacional. La seguridad, para los liberales, implica más que la protección del país frente a las amenazas militares externas.57 Las preocupaciones que no son de índole militar, por ejemplo, la seguridad económica, la seguridad energética y la seguridad ambiental caen dentro del más amplio alcance de la concepción de la seguridad nacional que tienen los liberales. Las amenazas no militares pueden atentar tan seriamente a la vida y a la integridad física como las amenazas militares. Según un informe "Sólo en el año 1996, aproximadamente entre 1 y 3 millones de personas murieron a causa de la malaria...Entre 300 y 500 millones de personas son afectadas por esta enfermedad cada año y se produce una muerte cada 15 segundos...Durante la última década, la malaria ha matado 10 veces más niños que las guerras durante el mismo período."58 ¿Cuál es la lógica que hace que la guerra sea prioritaria en la seguridad nacional a expensas de asesinos transnacionales tales como la malaria, el dengue, la fiebre hemorrágica, y el SIDA?

Marxism Marxismo

 

Oh Karl the world isn’t fair Oh, Karl el mundo no es justo
It isn’t and never will be No lo es y jamás lo será
They tried out your plan Probaron tu plan
It brought misery instead Pero ocasionó miseria
If you’d seen how they worked it Si hubieras visto cómo lo pusieron en funcionamiento
You’d be glad you were dead Estarías contento de estar muerto
Just like I’m glad I’m living Así como yo estoy contento por vivir en la tierra de la

in the land of the free libertad
Where the rich just get richer Donde los ricos se hacen más ricos
And the poor you don’t ever have to see Y nunca se ve la pobreza
It would depress us, Karl Nos deprimiría, Karl
Because we care Porque nos importa
That the world still isn’t fair Que el mundo aún no sea justo

—Randy Newman59

 

Las teorías marxistas60 están tan lejos del realismo como del liberalismo.61 Las hipótesis y las categorías analíticas realistas y liberales tradicionales son descartadas o se ponen de cabeza. Probablemente, ninguna tradición intelectual ha sido más difamada, distorsionada y mal interpretada, especialmente por los políticos uniformados y sus seguidores en los EE.UU.62 No obstante, el marxismo ha sido de gran influencia, tanto en lo político como en lo intelectual. Los poderosos escritos intelectuales de Marx, Engels, y Lenin continúan resonando en los trabajos contemporáneos de los eminentes economistas, historiadores, científicos políticos y sociólogos neo-marxistas tales como Theotonio Dos Santos, 63 Eric Hobsbawn, 64 William Appleman Williams, 65 Peter Evans, 66 Fernando Henrique Cardoso,67 e Immanuel Wallerstein.

El fin de la lucha ideológica entre los EE.UU. y la Unión Soviética y la desaparición de ésta última no significaron la muerte del marxismo; estos acontecimientos "en realidad... no dicen nada sobre la validez de la teoría marxista."69 El marxismo es anterior a la Unión Soviética y, ha sobrevivido a la desaparición de la misma, sigue vigente y prospera aun luego de su caída. En verdad, de acuerdo con lo expresado por Timothy Garton Ash "el final de los regímenes marxistas en Europa ha contribuido al resurgimiento del análisis marxista."70 Tanto los pueblos del ex imperio soviético como el marxismo mismo han sido liberados con el colapso del imperio. Aquellos que alguna vez se vieron atrapados por las garras de la ortodoxia occidental que indujo a la guerra fría ahora tienen libertad para reconocer, aunque sea de mala gana, los duraderos y profundos conocimientos del análisis marxista y neo-marxista.

Después de todo, la globalización económica que ahora se celebra en el "Consenso de Washington" del mercado libre, había sido pronosticada por Marx. Para Marx y los Marxistas, la globalización es inherente a la lógica inevitable del capitalismo. Si se permite al capitalismo y a sus contradicciones internas causar un desastre de mayor escala que en el pasado, la globalización, puede llegar a confundir a sus seguidores. El crecimiento y la riqueza ensalzados por los triunfalistas del capitalismo mundial han beneficiado más a unos que a otros. Inclusive la voz de The New York Times, ha reconocido que aun quedan lugares en el mundo a los cuales no ha llegado la riqueza."71 Debe recordarse que fue el capitalismo el que originó el marxismo. El marxismo de Marx es, fundamentalmente, una crítica del capitalismo. Siempre que el capitalismo, según lo ha expresado Howard Sherman "continúe mostrando los mismos síntomas de enfermedad como crisis, explotación, discriminación, contaminación, guerra y marginación,"72 seguirá existiendo el marxismo.

Debería ser evidente que el problema central del marxismo no es la guerra ni la paz ni los conflictos ni la cooperación. La guerra, la paz, los conflictos y la cooperación, para los marxistas, son meras manifestaciones de una realidad subyacente, más profunda. Los Marxistas se preocupan por las estructuras materiales de dominación y subordinación y las consecuentes inequidades que se encuentran dentro de una misma sociedad y entre ellas.

Las hipótesis subyacentes al marxismo difieren, en forma significativa, de aquéllas sobre las que se apoyan el realismo y el liberalismo. En primer lugar, los marxistas, aceptan el énfasis que ponen los realistas sobre la importancia del contexto internacional dentro del cual se producen las interacciones. Pero su caracterización de este contexto internacional difiere fundamentalmente del que proponen los realistas. Los marxistas no se concentran en las implicancias de un sistema anárquico internacional sino en la economía política mundial. La característica más importante del sistema internacional no es ni la anarquía del realismo ni el institucionalismo y la interdependencia del liberalismo; más bien, para el marxismo, la característica más importante del sistema internacional es que es capitalista. Por lo tanto, lo que es clave para su entendimiento no es la lógica política del sistema político internacional según la ve el realismo o el liberalismo, sino la lógica económica del sistema mundial capitalista.

En segundo lugar, el desarrollo histórico de la economía mundial capitalista es un elemento central para comprender su lógica y funcionamiento. En síntesis, la posición dominante de algunas sociedades y la posición subordinada de otras es el resultado del desarrollo y funcionamiento del sistema mundial moderno, es decir, capitalista.73 Algunas sociedades se han beneficiado a partir del desarrollo y funcionamiento del sistema mundial capitalista, otras no.

La historia del sistema mundial capitalista es la historia de su surgimiento a partir de la Europa feudal, su transformación desde sus modelos agrícola, al industrial y luego al financiero y luego su expansión. Esa expansión desde una base inicialmente europea hasta la incorporación del resto del mundo ocurrió a causa del imperialismo mercantilista de los estados capitalistas de Europa. Las dos olas de la conquista imperial europea colocaron, primero al hemisferio occidental y luego, a Asia y a África bajo el dominio del capitalismo. Durante el desarrollo y la expansión del sistema capitalista, las primeras sociedades capitalistas de Europa y América del Norte emergieron como centros del poder industrial y financiero. Quienes se incorporaron más tarde al capitalismo en Latinoamérica, África y Asia sirvieron a las sociedades dominantes como fuentes de productos agrícolas, recursos naturales y mano de obra de bajo costo y, al mismo tiempo, como mercados para los productos que fabricaban.

Las posiciones asimétricas de las distintas sociedades en el orden del mundo capitalista son el resultado del desarrollo desparejo del capitalismo. El desarrollo y la expansión histórica del sistema mundial capitalista dejó a las sociedades industriales avanzadas del "Norte" con un ascendiente sobre menos desarrolladas (o, para ser más optimistas, en vías de desarrollo) sociedades del "Sur". De acuerdo con la lógica materialista del marxismo, las sociedades menos desarrolladas son poco desarrolladas no porque no pudieran adaptarse a las formas del capitalismo e integrarse completamente en el sistema mundial capitalista, como los economistas liberales clásicos quisieran que creamos, sino por la forma en que se desarrolló y se expandió el capitalismo para absorberlas. En consecuencia, las sociedades menos desarrolladas en la economía mundial capitalista han estado subordinadas y han dependido de las sociedades industriales avanzadas. Ni aun las sociedades en desarrollo más avanzadas han podido ejercer ninguna medida de influencia significativa sobre el destino de sus economías; su desarrollo continúa dependiendo de las carteras de inversiones de los capitalistas y de las inversiones directas de las corporaciones multinacionales del Norte.

En tercer lugar, los actores más importantes para los marxistas no son los estados sino las clases. Según han escrito Marx y Engels: "La historia de toda la sociedad hasta hoy es la historia de la lucha de las clases"74 Las clases se definen por su relación con los medios de producción. Los propietarios de los medios, o los factores o la producción –la tierra, la tecnología y el capital- constituyen la clase dominante de la sociedad –la burguesía o los capitalistas. Los empleados por los propietarios de los medios de producción constituyen la clase subordinada de la sociedad –el proletariado, los obreros. De esta manera, tenemos estructuras paralelas de dominación y subordinación a nivel nacional e internacional. Asimismo, los propietarios de los medios de producción y los trabajadores en las sociedades industriales avanzadas comparten más intereses con sus pares en las sociedades en vías de desarrollo que entre sí, pero tanto los capitalistas como los trabajadores en las sociedades industriales avanzadas se encuentran en posiciones superiores a las de sus contrapartes en otros países y se esforzarán para mantener sus ventajas.

Los actores en los que se concentran los realistas y liberales son, para los marxistas, poco más que herramientas de la clase capitalista dominante. Los estados, las instituciones internacionales, los partidos políticos y los grupos de interés son útiles a los intereses de la elite gobernante del capitalismo. La clase dirigente capitalista usa a los estados para administrar las cuestiones nacionales e internacionales del capitalismo, en especial, garantizando y exigiendo los derechos de propiedad. Mientras los realistas observan que los estados chocan al intentar maximizar los intereses nacionales, los marxistas sostienen que las clases entran en conflicto al intentar maximizar los intereses de las clases. En palabras de Marx y Engels, "El poder ejecutivo del Estado moderno no es más que un comité para administrar las cuestiones comunes de toda la burguesía."75 Los intereses nacionales se establecen sobre la base de los intereses de quienes poseen los medios de producción. Para los marxistas, los intereses de las clases dominan los intereses nacionales.

En cuarto lugar, como puede observarse en las experiencias históricas y posiciones asimétricas de la burguesía y el proletariado y de las sociedades industrializadas avanzadas y las menos desarrolladas, existen ganadores y perdedores en el sistema del mundo capitalista. Dentro de las sociedades, los capitalistas ricos y con poder político dominan, inclusive explotan y a los trabajadores pobres que no tienen poder político.76 A nivel internacional, las sociedades industriales avanzadas ricas y políticamente poderosas dominan a las sociedades menos desarrolladas pobres y sin poder político. De esta manera, tanto para los marxistas como para los realistas, las relaciones internacionales son por naturaleza conflictivas y por lo general son juegos de suma cero más que juegos de suma positiva.

En quinto y último lugar, mientras los realistas consideran que la política determina la economía y, según los liberales, la interacción entre la política y la economía impulsa los acontecimientos, para los marxistas, la economía determina la política –la política está sujeta a la lógica de la economía. La economía es la base o el pilar de la sociedad, todo lo demás, incluyendo la política (y el estado) son meras superestructuras. La economía es la llave que abre la puerta hacia el entendimiento de la dinámica del sistema mundial. De esta manera, mientras los realistas ignoran los estragos que causa la malaria y los liberales argumentan que debería considerarse una amenaza a la seguridad nacional, los marxistas, más radicalmente, manifiestan que "El dinero que se destina a la investigación de la malaria es escaso, en parte, porque la enfermedad afecta principalmente a la gente carenciada y los laboratorios farmacéuticos de occidente dudan que las poblaciones del tercer mundo puedan pagar una nueva vacuna contra la malaria aun cuando se desarrollara."77

Se puede apostar que en 2100, más o menos un par de décadas, el capitalismo de la propiedad privada y el mercado libre se encontrará nuevamente sitiado, sacudido como lo estuvo en 1848 y en 1917 y en la década de 1930 por las conmociones que desata este magnífico y a la vez feroz sistema.

- Kurt Andersen78

 

Realismo, Liberalismo, Marxismo y Estructura del Sistema Las divergentes concepciones de la estructura del sistema internacional que proponen los realistas, los liberales y los marxistas son un ejemplo concreto de las diferencias reales entre las tres perspectiva analíticas. Para los realistas, la estructura del sistema está determinada por la distribución de los recursos entre los estados. La estructura del sistema internacional depende de la cantidad de estados con los mayores recursos de poder. Se ha dicho que en los siglos dieciocho y diecinueve, el sistema de estados europeos era multipolar, con cinco poderes principales –Gran Bretaña, Francia, Rusia, Prusia/Alemania y el imperio Austro-Húngaro– que luchaban por el poder y la influencia. Más recientemente, durante la guerra fría de la segunda mitad del siglo veinte, cuando dos potencias o superpotencias dominaban la política internacional, el sistema internacional era considerado bipolar. Al finalizar la guerra fría y, en consecuencia, terminar anticipadamente el siglo veinte, el sistema internacional adoptó, alternativamente, una estructura unipolar, en la que EE.UU. era la única súper potencia; multipolar, donde EE.UU. debía luchar con otras potencias como Rusia, China, Japón e, inclusive, la "Europa" de la Unión Europea o la "Europa" de Gran Bretaña, Francia y una nueva Alemania unida, o, en transición de una estructura unipolar a otra multipolar. Típicamente, la conceptualización de la estructura del sistema contemporáneo de los liberales tiene más matices y es más compleja. El mundo no es simplemente unipolar, bipolar o multipolar. Dice Joseph Nye que "El poder se está volviendo más multidimensional, las estructuras más complejas y los estados más permeables. Esta complejidad adicional significa que el orden mundial debe descansar sobre algo más que el tradicional balance del poder."79 Nye, describe el sistema internacional post-guerra fría como una torta en capas. La capa superior es militar y, por ende, unipolar, EE.UU. continúa siendo la principal potencia militar. En el medio, existe una capa económica que ha sido tripolar desde principios de la década de 1970. En la parte inferior, hay una capa de interdependencia transnacional que refleja la difusión y fragmentación del poder. Aquí se encuentran "relaciones transnacionales que cruzan las fronteras más allá del control del gobierno y que incluyen actores tan diversos como banqueros y terroristas..."80 Para los marxistas, la finalización de la guerra fría no alteró la estructura del sistema mundial. La estructura del sistema está determinada económicamente. Puede ilustrarse como un conjunto de tres círculos concéntricos. En la parte central se encuentra el núcleo, formado por las sociedades industriales avanzadas dominantes. Fuera del círculo está la periferia, las sociedades menos desarrolladas de América Latina, África y Asia. En el medio, se encuentra la semiperiferia, una combinación de las sociedades que evolucionan desde la periferia hasta el núcleo y aquellas que ya no pertenecen al núcleo. Según Wallerstein, esta estructura ha existido desde el año 1640.81 Ha sobrevivido conmociones más graves que las originados por la finalización de la guerra fría y continúa firme y en pie. Los realistas siguen muy preocupados por la guerra entre las grandes potencias. Dado que generalmente argumentan que los sistemas bipolares son más estables que los sistemas multipolares, el cambio de la bipolaridad a la multipolaridad ha causado alarma entre algunos analistas.82 Los liberales, más convencidos que los realistas de los efectos pacificadores de las instituciones internacionales, la interdependencia económica y el surgimiento de una comunidad de seguridad democrática, se encuentran menos preocupados por los conflictos entre potencias que por los conflictos regionales y de las comunidades.83 Los marxistas señalan el creciente abismo entre el núcleo y la periferia, los que tienen y los marginados, como línea de falla central del sistema internacional. Los realistas responden que es poco probable que los conflictos regionales, los conflictos internos entre las comunidades y los desafíos de los marginados afecten el balance de poder entre los estados más importantes. Para los realistas, las guerras principales entre las potencias constituyen la única amenaza significativa a la estabilidad internacional.
  Realismo Liberalismo Marxismo
Precursores Intelectuales Tucídides, Maquivelo, Hobbes Platón, Aristóteles, Montesquieu, Locke, Rousseau, Kant Hegel, Marx, Engels, Hobson, Lenín
Problema Central Guerra Y Paz Conflicto y Cooperación Dominación y Subordinación
Naturaleza del Sistema Internacional Anárquico Anarquía Restringida Capitalista
Actores Estados Organizaciones Internacionales y No Gubernamentales, Estados, Organizaciones, Burocracias, Partidos Políticos, Clases, Grupos de Interés, Medios, Individuos Clases
Comportamiento de los Actores Unitario, Racional, Maximiza el Interés Político: Tira y Afloja, Negociación y Compromisos Transnacionales y Nacionales en Busca de Intereses Públicos y Privados Maximiza el Interés
Tipo de Juego Suma Cero Suma No Cero Suma Cero
La Agenda Dominada por Cuestiones de Seguridad Social Las cuestiones socio-económicas compiten con las cuestiones de seguridad nacional para obtener mayores recursos Dominada por Cuestiones Económicas
Relación Entre Política y Economía Las cuestiones políticas definen la economía Los Eventos están Impulsados por la Interacción de la Política y entre la Política y la Economía Las cuestiones económicas definen la política
A modo de cierre

Si bien existen lazos entre las tres perspectivas analíticas –por ejemplo, las potencias más importantes del realismo constituyen el centro del sistema del mundo capitalista marxista– las diferencias entre el realismo, el liberalismo, y el marxismo aplastan sus similitudes. Los realistas y los marxistas brindan explicaciones relativamente frugales, parsimoniosas respecto de cómo funciona el mundo. Pero los realistas comienzan sus argumentos causales con la política mientras que los marxistas comienzan con la economía. Los liberales se sienten obligados a enmendar la parsimonia del realismo mediante diversas capas de complejidades explicativas y sus argumentos causales enfatizan la interacción entre la política y la economía. Abundan las divergentes y, con frecuencia, conflictivas hipótesis sobre los problemas centrales de las relaciones internacionales, la naturaleza del sistema internacional, los actores más importantes, la naturaleza del juego y la relación entre la política y la economía.

No pueden ignorarse los desacuerdos entre realistas, liberales y marxistas. Los debates teóricos e intelectuales entre las tres tradiciones se siguen reflejando en el debate político. En EE.UU., donde el realismo y el liberalismo dominan el discurso político sobre el papel de Estados Unidos en el mundo, las alternativas de gran estrategia que han surgido luego de la guerra fría están moldeadas por variantes del realismo y liberalismo.84 Durante la década de 1990, las declaraciones de estrategia sobre seguridad nacional del gobierno de Clinton, así como las del gobierno de Bush se entienden como un diálogo entre realistas y liberales. Institucionalmente, el Departamento de Defensa se inclina hacia el realismo mientras que el Departamento de Estado tiende a favorecer al liberalismo.85 El marxismo, por su parte, aunque no da forma al debate estratégico en EE.UU., aparece entre los críticos de las propuestas de las estrategias realistas y liberales.86

Los tres capítulos siguientes proporcionan ejemplos de análisis según el realismo, el liberalismo y el marxismo. Al leer esos capítulos, busque las hipótesis en que se sustentan los argumentos y piense cuáles son los cristales de análisis a través de los cuales Ud. preferiría que los líderes nacionales miren al mundo.

Notas

El autor agradece a Peter H. Liotta y a Mackubin T. Owens, Jr., por sus agudos comentarios a la primera versión de este ensayo. El presente capítulo se finalizó en diciembre de 1999. El autor no se hace responsable de los cambios de paradigmas que se hayan producido a partir de entonces.



1. Carl von Clausewitz, On War (Sobre la Guerra), editado y traducido por Michael Howard y Peter Paret, (Princeton: Princeton University Press, 1976), p. 578.

2. "Las relaciones internacionales involucran el estudio de un gran número de "hechos" sobre el mundo. Sin embargo, estos hechos son importantes sólo cuando existe un marco donde colocarlos . . . Es la teoría la que proporciona el marco. . . ." Ngaire Woods, "The Uses of Theory in the Study of International Relations," (Los Usos de la Teoría en el Estudio de las Relaciones Internacionales), en Ngaire Woods, ed., Explaining International Relations Since 1945 (Explicación de las Relaciones Internacionales desde 1945), (Oxford: Oxford University Press, 1996), p. 9.

3. John Maynard Keynes, The General Theory of Employment, Interest, and Money (Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero), (Nueva York: Harcourt, Brace, 1936), p. 383.

4. John J. Mearsheimer, "Disorder Restored," (El Desorden Restablecido) en Graham Allison y Gregory F. Treverton, eds. Rethinking America’s Security: Beyond Cold War to New World Order, (Replanteo de la Seguridad de Norteamérica: Más allá de la Guerra Fría hacia un Nuevo Orden Mundial) (Nueva York: W. W. Norton & Company, 1992), p. 235.

5. Jessica T. Mathews, "Power Shift," (Desplazamiento del Poder) Foreign Affairs, Vol. 76, No. 1 (Enero/Febrero 1997), p. 50.

6. El concepto de "paradigma", que acaba de incorporarse a nuestro vocabulario político, ha sido totalmente mal interpretado y se ha abusado del término. Para una correcta visión del tema véase Thomas S. Kuhn, The Structure of Scientific Revolutions, (La Estructura de las Revoluciones Científicas) 2da. edición, (Chicago: Chicago University Press, 1970).

7. Stanley Hoffmann, "The Politics and Ethics of Military Intervention," (Ética y Política de las Intervenciones Militares), Survival, Vol. 37, No. 4 (Invierno 1995-96), p. 34.

8. Michael W. Doyle, Ways of War and Peace: Realism, Liberalism, and Socialism,(Las Formas de la Guerra y la Paz: Realismo, Liberalismo y Socialismo) (Nueva York: W. W. Norton & Company, 1997), pp. 26-27.

9. Para obtener información sobre la manera en que el realismo y el liberalismo han dado forma a la política exterior de EE.UU., véase David Callahan, Between Two Worlds: Realism, Idealism, and American Foreign Policy After the Cold War, (Entre Dos Mundos: Realismo, Idealismo y Política Exterior de EE.UU. después de la Guerra Fría). (Nueva York: HarperCollins, 1994).

10. Stephen M. Walt, "International Relations: One World, Many Theories," (Relaciones Internacionales: Un Mundo, Muchas Teorías). Foreign Policy, No. 110 (Primavera 1998), p. 29.

11. Para disipar cualquier duda sobre la importancia de las ideas, véase Robert Conquest, Reflections on a Ravaged Century, (Reflexiones sobre un Siglo Devastado), (Nueva York: Norton, 1999).

12. Joseph S. Nye, Jr., Understanding International Conflicts: An Introduction to Theory and History, (Cómo Comprender los Conflictos Internacionales: Introducción a la Teoría y la Historia). (Nueva York: HarperCollins, 1993), p. 3. Entre los nombres utilizados para las diversas versiones de esta perspectiva analítica se encuentran: realismo clásico, neo-realismo, realismo estructural, realismo ofensivo, realismo defensivo y realismo neo-clásico. Para una descripción extensa pero accesible del realismo y su evolución, véase Robert Jackson y Georg Sørensen, Introduction to International Relations, (Introducción a las Relaciones Internacionales) (Oxford: Oxford University Press, 1999), pp. 67-105. También resulta útil leer a John A. Vasquez, The Power of Power Politics: From Classical Realism to Neotraditionalism, (El Poder de la Política del Poder: Desde el Realismo Clásico al Neotradicionalismo) (Cambridge: Cambridge University Press, 1998). Para analizar un intento por demostrar la importancia del realismo luego de la guerra fría, véase Ethan B. Kapstein y Michael Mastanduno, eds., Unipolar Politics: Realism and State Strategies After the Cold War, (Política Unipolar: El Realismo y las Estrategias de los Estados después de la Guerra Fría). (Nueva York: Columbia University Press, 1999). Un esfuerzo intrigante por salvar al realismo de algunos de sus aparentemente confundidos proponentes es el que ofrece Jeffrey W. Legro y Andrew Moravcsik, en "Is Anybody Still a Realist?" (¿Queda algún Realista?). International Security, Vol. 24, No. 3 (Otoño 1999), pp. 5-55.

13. Para información sobre las raíces intelectuales del realismo, véase Mark V. Kauppi y Paul R. Viotti, The Global Philosophers: World Politics in Western Thought, (Los Filósofos Globales: Política Mundial en el Pensamiento Occidental). (Nueva York: Lexington Books, 1992); Benjamin Frankel, ed., Roots of Realism (Las Raíces del Realismo), edición especial, Security Studies, Vol. 5, No. 2 (Invierno 1995), y Doyle, Ways of War and Peace. (Las Formas de la Guerra y la Paz). Alexander Hamilton generalmente es el ejemplo de profesional realista en los inicios de la república americana. Véase Robert W. Tucker y David C. Hendrickson, Empire of Liberty: The Statecraft of Thomas Jefferson, (Imperio de la Libertad: El Arte de Gobernar de Thomas Jefferson) (Nueva York: Oxford University Press, 1990).

14. Hans J. Morgenthau, Politics Among Nations: The Struggle for Power and Peace, (La Política entre las Naciones: La Lucha por el Poder y la Paz) (Nueva York: Alfred A. Knopf, 1978).

15. Kenneth N. Waltz, Man, the State, and War: A Theoretical Analysis, (El Hombre, el Estado y la Guerra: Un Análisis Teórico). (Nueva York: Columbia University Press, 1959); y Waltz, Theory of International Politics, (Teoría de la Política Internacional). (Reading, MA: Addison-Wesley, 1979).

16. John J. Mearsheimer, "Back to the Future: Instability in Europe After the Cold War" (Vuelta al Futuro: Inestabilidad en Europa después de la Guerra Fría) International Security, Vol. 15, No. 1 (Verano 1990), pp. 5-56; y Mearsheimer, "The False Promise of International Institutions," (La Falsa Promesa de las Instituciones Internacionales) International Security, Vol. 19, No. 3 (Invierno 1994/95), pp. 5-49.

17. Waltz, Theory of International Politics, (Teoría de la Política Internacional), p. 88.

18. Paul R. Viotti y Mark V. Kauppi, International Relations Theory: Realism, Pluralism, Globalism, (Teoría de las Relaciones Internacionales: Realismo, Pluralismo, Globalismo) 2da. edición (Nueva York: Macmillan, 1993), p. 6.

19. "… Los realistas suponen que el comportamiento del estado puede explicarse como el producto de la toma de decisiones racional" Michael Mastanduno, "A Realist View: Three Images of the Coming International Order," (Visión de un Realista: Tres Imágenes del Orden Internacional que Viene) en T.V. Paul y John A. Hall, eds., International Order and the Future of World Politics, (Orden Internacional y el Futuro de la Política Mundial) (Cambridge University Press, 1999), p. 21. Esta hipótesis es esencial para la teoría deductiva que prevalece en el realismo. Véase Frank W. Wayman y Paul F. Diehl, "Realism Reconsidered: The Realpolitik Framework and Its Basic Propositions," (Reconsideración del Realismo: El Marco de la Realpolitik y Sus Proposiciones Básicas) en Wayman y Diehl, eds., Reconstructing Realpolitik, (Reconstrucción de la Realpolitik) (Ann Arbor: Michigan University Press, 1994). p. 10.

20. Según explica Waltz en su Theory of International Politics (Teoría de la Política Internacional), p. 111, "Para lograr sus objetivos y mantener su seguridad, las unidades en condición de anarquía... deben confiar en los medios que pueden generar y los arreglos que pueden hacer ellas solas. La auto-ayuda es necesariamente el principio de la acción en un orden anárquico. La situación de auto-ayuda constituye un alto riesgo –de quiebra en el reino de la economía y de guerra en un mundo de estados libres."

21. Mearsheimer, "The False Promise of International Institutions," (La Falsa Promesa de las Instituciones Internacionales) pp. 11-12.

22. Sobre el dilema de la seguridad, véase Waltz, Theory of International Politics (Teoría de la Política Internacional), pp. 186-187; y Robert Jervis, "Cooperation Under the Security Dilemma," (La Cooperación Bajo el Dilema de la Seguridad). World Politics, Vol. 30, No. 2 (Enero 1978), pp. 167-214.

23. Mearsheimer, "The False Promise of International Institutions," (La Falsa Promesa de las Instituciones Internacionales) p. 48.

24. Sobre este punto, véase Barry Buzan, "The Timeless Wisdom of Realism?" (La Sabiduría Atemporal del Realismo?) en Steve Smith, Ken Booth, y Marysia Zalewski, eds., International Theory: Positivism and Beyond, (Teoría Internacional: Positivismo y Algo Más) (Cambridge: Cambridge University Press, 1996), p. 52.

25. Según Waltz, "Politics...prevails over economics" (La política... prevalece sobre la economía). Kenneth N. Waltz, "Globalization and Governance," (Globalización y Gobernabilidad) PS: Political Science and Politics, Vol. 32, No. 4 (Diciembre 1999), p. 700.

26. Mearsheimer, "Back to the Future," (Vuelta al Futuro) p. 44.

27. Wayman and Diehl, "Realism Reconsidered," (Reconsideración del Realismo) p. 12.

28. Otros términos utilizados para nombrar las diferentes versiones de esta tradición analítica son idealismo, optimismo, pluralismo, neo-liberalismo e institucionalismo neoliberal. Una introducción más extensa pero accesible al liberalismo y su evolución es la presentada por Jackson y Sørensen en Introduction to International Relations, (Introducción a las Relaciones Internacionales) pp. 107-138. Para encontrar un esfuerzo valioso por sistematizar el liberalismo, véase Andrew Moravcsik, "Taking Preferences Seriously: A Liberal Theory of International Politics," (Tomando las Preferencias en Serio: Una Teoría Liberal de la Política Internacional) International Organization, Vol. 51, No. 4 Otoño 1997), pp. 513-553.

29. Para información sobre las raíces intelectuales del liberalismo, véase Kauppi y Viotti, The Global Philosophers, (Los Filósofos Globales) y Doyle, Ways of War and Peace (Las Formas de la Guerra y la Paz). De igual forma que Hamilton es considerado exponente del realismo en los comienzos de la República Americana, Jefferson es considerado defensor del liberalismo. Véase Tucker y Hendrickson, Empire of Liberty (Imperio de la Libertad).

30. Graham T. Allison, Essence of Decision: Explaining the Cuban Missile Crisis, (Esencia de las Decisiones: Explicación de la Crisis de los Misiles en Cuba) (Boston: Little, Brown, 1971); y Graham Allison y Philip Zelikow, Essence of Decision: Explaining the Cuban Missile Crisis, 2da. ed., (Nueva York: Longman, 1999).

31. Francis Fukuyama, "The End of History?" (¿El Fin de la Historia?) The National Interest, No. 16 (Verano 1989), pp. 3-18; Francis Fukuyama, The End of History and the Last Man, (El Fin de la Historia y el ultimo Hombre). (Nueva York: La Prensa Libre, 1992); y Francis Fukuyama, "Second Thoughts: The Last Man in a Bottle," (Pensándolo de Nuevo: El Último Hombre en una Botella). The National Interest, No. 56 (Verano 1999), pp. 16-33.

32. Robert O. Keohane y Joseph S. Nye, Jr., eds., Transnational Relations and World Politics, (Relaciones Transancionales y Política Mundial) (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1979, 1971); Keohane y Nye, Power and Interdependence, (Poder e Interdependencia), 2da. ed., (Glenview, IL: Scott, Foresman, 1989); Keohane, After Hegemony: Cooperation and Discord in the World Political Economy, (Después de la Hegemonía: Cooperación y Discordia en la Economía Política Mundial), (Princeton: Princeton University Press, 1984); y ed. de Keohane, Neorealism and Its Critics, (El Neorealismo y sus Críticos). (Nueva York: Columbia University Press, 1986).

33. Joseph S. Nye, Jr., Bound to Lead: The Changing Nature of American Power, (Líderes por Fuerza: La Cambiante Naturaleza del Poder de EE.UU.) (Nueva York: Basic Books, 1990).

34. John Gerard Ruggie, ed., The Antinomies of Interdependence: National Welfare and the International Division of Labor,(Las Antinomias de la Interdependencia: El Bienestar Nacional y la División Internacional del Trabajo). (Nueva York: Columbia University Press, 1983); Ruggie, Constructing the World Policy: Essays on International Institutionalization, (Construyendo la Política Mundial: Ensayos sobre la Institucionalización Internacional). (Londres y Nueva York: Routledge, 1998); Ruggie, ed., Multilateralism Matters: The Theory and Praxis of an Institutional Form, (El Multilateralismo Importa: Teoría y Práctica de una Forma Institucional). (Nueva York: Prensa de la Universidad de Columbia, 1993); y Ruggie, Winning the Peace: America and World Order in the New Era, (Ganando la Paz: EE.UU. y el Orden Mundial de la Nueva Era); (Nueva York: Prensa de la Universidad de Columbia, 1996).

35. Véase William H. McNeill, Plagues and Peoples, (Las Plagas y los Pueblos), (Nueva York: Anchor Press/Doubleday, 1976); Laurie Garrett, The Coming Plague: Newly Emerging Diseases in a World Out of Balance, (La Plaga que Llega: Nuevas Enfermedades en un Mundo sin Equilibrio), (Nueva York: Farrar, Straus y Giroux, 1994); y Richard Preston, The Hot Zone, (La Zona Caliente), (Nueva York: Random House, 1994).

36. Keohane, por ejemplo, sostiene que "El realismo hoy en día encuentra graves anomalías como resultado de las relaciones transnacionales, la actitud pacífica de las democracias entre sí y la importancia, cada vez mayor, de las relaciones internacionales" Robert O. Keohane, "International Relations, Old and New," (Relaciones Internacionales, Antes y Después) en Robert E. Goodin y Hans-Dieter Klingemann, editores, A New Handbook of Political Science,(Nuevo Manual sobre Ciencia Política). (Oxford: Prensa de la Universidad de Oxford, 1996), p. 462.

37. Véase Hedley Bull, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics, (La Sociedad Anárquica: Estudio del Orden en la Política Mundial), (Nueva York: Prensa de la Universidad de Columbia, 1977).

38. Veáse Robert O. Keohane, International Institutions and State Power: Essays in International Relations Theory, (Instituciones Internacionales y Poder del Estado: Ensayos sobre la Teoría de las Relaciones Internacionales), (Boulder: Westview Press, 1989); Stephen D. Krasner, ed., International Regimes, (Regímenes Internacionales), (Ithaca: Cornell University Press,1983); y James N. Rosenau y Ernst-Otto Czempiel, editores, Governance Without Government: Order and Change in World Politics, (Gobernabilidad sin Gobierno: Orden y Cambios en la Política Mundial), (Cambridge: Cambridge University Press, 1992).

39. Según Keohane en International Institutions and State Power, (Instituciones Internacionales y Poder del Estado) p. 2, ". . . la institucionalización de la política mundial influye de manera significativa en el comportamiento de los gobiernos. En especial, los modelos de cooperación y discordia pueden comprenderse sólo en el contexto de las instituciones que ayudan a definir el significado y la importancia de la acción del estado ...Las acciones del Estado dependen, en gran medida, de los arreglos institucionales prevalecientes..."

40. Alexander Wendt, "Anarchy Is What States Make of It: The Social Construction of Power Politics," (La Anarquía es lo que los Estados Hacen de Ella: La Construcción Social de la Política del Poder), International Organization, Vol. 46, No. 2 (Primavera 1992), p. 395.

41. Para información sobre el cada vez más controvertido concepto de soberanía, véase Thomas J. Biersteker y Cynthia Weber, eds., State Sovereignty as Social Construct, (Soberanía del Estado y Construcción Social), (Cambridge: Cambridge University Press, 1996); Peter Dombrowski y Richard Mansbach, "From Sovereign States to Sovereign Markets?" (¿De Estados Soberanos a Mercados Soberanos?), International Politics, Vol. 36, No. 1 (Marzo, 1999), pp. 1-23; David J. Elkins, Beyond Sovereignty: Territory and Political Economy in the Twenty-First Century, (Más Allá de la Soberanía: Territorio y Economía Política en el Siglo Veintiuno), (Toronto: Toronto University Press, 1995); Robert Jackson, editor, "Sovereignty at the Millenium," (Soberanía en el Milenio) edición especial de Political Studies, Vol. XLVII (1999); y Stephen D. Krasner, Sovereignty: Organized Hypocrisy, (Soberanía: La Hipocresía Organizada) (Princeton: Princeton University Press, 1999).

42. El realismo ". . .ha puesto demasiado énfasis en el rol del estado como actor" Keohane, "International Relations, Old and New," p. 468. Wendt, en "Anarchy Is What States Make of It," p. 424, manifiesta que "La importancia de los estados en relación con las corporaciones multinacionales, los nuevos movimientos sociales, las transnacionales y las organizaciones intergubernamentales está decayendo notablemente. . . ."

43. Como lo dice un conocido analista, "Analizar la política mundial en la década de los noventa consiste en analizar las instituciones internacionales: las normas que gobiernan los elementos de la política mundial y las organizaciones que ayudan a implementar tales reglas" Robert O. Keohane, "International Institutions: Can Interdependence Work?" (Instituciones Internacionales: Puede Funcionar la Interdependencia?), Foreign Policy, No. 110 (Primavera 1998), p. 82.

44. Las instituciones internacionales, por ejemplo, no son solo los instrumentos de los estados que las establecen. Para información sobre la autonomía de las instituciones internacionales, véase Robert Jervis, "Realism, Neoliberalism and Cooperation" (Realismo, Neoliberalismo y Cooperación), International Security, Vol. 24, No. 1 (Verano 1999), pp. 42-63. Wendt, en "Anarchy Is What States Make of It," p. 394, discurre en apoyo del "argumento liberal de que las instituciones internacionales pueden transformar las identidades y los intereses de los estados." Véase también Helga Haftendorn, Robert O. Keohane y Celeste Wallander, eds., Imperfect Unions: Security Institutions over Time and Space, (Uniones Imperfectas: Las Instituciones de Seguridad a Través del Tiempo y el Espacio) (Oxford: Oxford University Press, 1999) y Michael N. Barnett y Martha Finnemore, "The Politics, Power, and Pathologies of International Organizations," (La Política, el Poder y las Patologías de las Organizaciones Internacionales), International Organization, Vol. 53, No. 4 (Otoño 1999), pp. 699-732.

45. Viotti y Kauppi, International Relations Theory, (Teoría de las Relaciones Internacionales), p. 7.

46. Allison, Essence of Decision, (La Esencia de las Decisiones), p. 144.

47. "Cada participante, según el lugar en el que se siente, observará diferentes lados de un mismo tema, debido a que su percepción de la cuestión estará fuertemente influida por sus intereses particulares" Morton H. Halperin, con la asistencia de Priscilla Clapp y Arnold Kanter, Bureaucratic Politics and Foreign Policy (Burocracia de la Política y Política Exterior), (Washington, DC: The Brookings Institution, 1974), p. 16.

48. Allison, Essence of Decision, p. 162.

49. Véase Allison, Essence of Decision, pp. 71-72.

50. "...La teoría liberal e institucionalista se centra en las variaciones más que en la constancia del comportamiento de los estados —variación que se atribuye no solo a la variación en las capacidades económicas sino a la variación en los procesos políticos y particularmente, en el carácter de las instituciones humanas, nacionales e internacionales." Keohane, "International Relations, Old and New," p. 468.

51. Véase Michael W. Doyle, "Liberalism and World Politics Revisited," (Revisión del Liberalismo y la Política Mundial) en Charles W. Kegley, Jr., editor, Controversies in International Relations Theory: Realism and the Neoliberal Challenge, (Controversias en la Teoría de las Relaciones Internacionales: El Realismo y el Desafío Neoliberal), (Nueva York: St. Martin’s, 1995), pp. 83-106; y Bruce M. Russett, Grasping the Democratic Peace: Principles for a Post-Cold War World, (Cómo Entender la Paz Democrática: Principios para el Mundo de la Post-Guerra Fría), (Princeton: Princeton University Press, 1993).

52. Emanuel Adler y Michael Barnett, editores. Security Communities, (Comunidades de Seguridad), (Cambridge: Cambridge University Press, 1998).

53. John Maynard Keynes, Essays in Persuasion, (Ensayos sobre la Persuasión), (Nueva York: Harcourt, Brace, 1932), pp. vii-viii.

54. Keohane, "Inernational Relations, Old and New," p. 471.

55. "No longer can all issues be subordinated to military security" (Ya no todas las cuestiones pueden estar subordinadas a la seguridad militar), Keohane y Nye, Power and Interdependence, (Poder e Interdependencia) p. 26.

56. Véase Andrew L. Ross, "The Political Economy of Defense: The Nature and Scope of the Inquiry," (La Economía Política de la Defensa: Naturaleza y Alcance de la Investigación) en Ross, editor, The Political Economy of Defense: Issues and Perspectives, (La Economía Política de la Defensa: Cuestiones y Perspectivas), (Westport, CT: Greenwood Press, 1991), pp. 1-21.

57. Véase Joseph J. Romm, Defining National Security: The Nonmilitary Aspects, (Definición de la Seguridad Nacional: Aspectos No Militares), (Nueva York: Council on Foreign Relations Press, 1993); y Theodore H. Moran, American Economic Policy and National Security, (Política Económica y Seguridad Nacional de los Estados Unidos), (Nueva York: Council on Foreign Relations Press, 1993).

58. Nicholas D. Kristof, "Malaria Makes a Comeback, Deadlier Than Ever," (Vuelve la Malaria, Más Mortal que Nunca), The New York Times, 8 de enero de 1997.

59. Randy Newman, "The World Isn’t Fair," (El Mundo No Es Justo), Randy Newman Music, 1999.

60. Otros términos utilizados para esta tradición intelectual son neo-marxismo, radicalismo, socialismo, estructuralismo y, menos apropiadamente, globalismo.

61. A pesar de la caída del comunismo en la ex Unión Soviética y Europa Oriental, el análisis marxista está lejos de haber desaparecido. Marx y Engels jamás reinaron en la Unión Soviética. Sus líderes adoptaron, en el mejor de los casos, una forma de marxismo más bien corrupta.

62. Para una explicación imparcial del marxismo, véase Robert L. Heilbroner, Marxism: For and Against, (Marxismo: A Favor y En Contra), (Nueva York: W.W. Norton & Company, 1980). Véase también Shlomo Avineri, The Social and Political Thought of Karl Marx, (El Pensamiento Social y Político de Karl Marx), (Cambridge: Cambridge University Press, 1968).

63. Theotonio Dos Santos, "The Structure of Dependence," (La Estructura de la Dependencia) American Economic Review, Vol. 60, No. 2 (Mayo 1970), pp. 231-236.

64. E. J. Hobsbawm, The Age of Revolution: Europe 1789-1848, (La Era de la Revolución: Europa 1789-1848), (Nueva York: Praeger, 1969); Hobsbawm, The Age of Capital, 1848-1875, (La Era del Capital, 1848-1875), (Nueva York: Scribner, 1975); Hobsbawm, The Age of Empire, 1875-1914, (La Era del Imperio, 1875-1914), (Nueva York: Pantheon, 1987); Hobsbawm, The Age of Extremes: A History of the World, 1914-1991, (La Era de los Extremos: Una Historia del Mundo, 1914-1991), (Nueva York: Pantheon, 1995).

65. William Appleman Williams, The Tragedy of American Diplomacy, (La Tragedia de la Diplomacia Estadounidense) 2da. ed. rev., (Nueva York: Dell, 1972).

66. Peter Evans, Dependent Development: The Alliance of Multinational, State, and Local Capital in Brazil, (Desarrollo Dependiente: La Alianza del Capital Multinacional, de la Nación y Local en el Brasil) (Princeton: Princeton University Press, 1979).

67. Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, Dependency and Development in Latin America, (Dependencia y Desarrollo en América Latina), (Berkeley: California University Press, 1979).

68. Immanuel Wallerstein, The Modern World System I: Capitalist Agriculture and the Origins of the European World-Economy in the Sixteenth Century, (El Sistema del Mundo Moderno I: Agricultura Capitalista y los Orígenes de la Economía del Mundo Europeo en el Siglo Dieciséis), (San Diego: Academic Press, Inc., 1974); Wallerstein, The Modern World System II: Mercantilism and the Consolidation of the European World-Economy, 1600-1750, (El Sistema del Mundo Moderno II: El Mercantilismo y la Consolidación de la Economía del Mundo Europeo, 1600-1750) (Nueva York: Academic Press, Inc., 1980); Wallerstein, The Modern World System III: The Second Era of Great Expansion of the Capitalist World-Economy, (El Sistema del Mundo Moderno III: La Segunda Era de Gran Expansión de la Economía del Mundo Capitalista), (San Diego: Academic Press, Inc., 1989); and Wallerstein, The Capitalist World-Economy, (La Economía del Mundo Capitalista), (Cambridge: Cambridge University Press, 1979).

69. Robert Jervis, "Realism in the Study of World Politics," (Realismo en el Estudio de la Política Mundial), International Organization, Vol. 52, No. 4 (Otoño 1998), p. 793.

70. Timothy Garton Ash, "Ten Years After," (Diez Años Después), The New York Review of Books, 18 de noviembre, 1999, p. 16.

71. "The Year 2000 and the Force of Change," (El Año 2000 y la Fuerza del Cambio) The New York Times, 5 de diciembre de 1999.

72. Howard J. Sherman, Reinventing Marxism, (Reinventando el Marxismo), (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1995), p. 12. La continua relevancia del marxismo es también evidente en la observación de Marcus de que "la sociedad burguesa sigue viva y en pie –lo que significa, por supuesto, como siempre ha significado, que se encuentra en pésimo estado." Steven Marcus, "Marx’s Masterpiece at 150" (La obra maestra de Marx a los 150), The New York Times Book Review, 26 de Abril, 1998, p. 39.

73. Para una explicación más extensa pero accesible respecto del desarrollo y funcionamiento del sistema del mundo moderno, véase Steve Hobden y Richard Wyn Jones, "World-System Theory," (La Teoría del Sistema Mundial) en John Baylis y Steve Smith, eds., The Globalization of World Politics: An Introduction to International Relations, (La Globalización de la Política Mundial: Introducción a las Relaciones Internacionales) (Oxford: Oxford University Press, 1997), pp. 125-145.

74. Karl Marx y Friedrich Engles, The Communist Manifesto, (El Manifiesto Comunista) (Harmondsworth: Penguin Books, 1967), p. 79.

75. Marx y Engels, The Communist Manifesto, p. 82.

76. Los "…intereses de las clases se oponen. El grado en el cual una clase logra sus intereses materiales mide el grado en el cual la otra no lo logra". James A. Caporaso y David P. Levine, Theories of Political Economy, (Teorías de Economía Política), (Cambridge: Cambridge University Press, 1992), p. 57.

77. Kristof, "Malaria Makes a Comeback, Deadlier Than Ever."

78. Kurt Andersen, "The Next Big Dialectic," (La Próxima Gran Dialéctica), The New York Times, 28 de noviembre de 1999.

79. Joseph S. Nye, Jr., "What New World Order?" (¿Cuál Nuevo Orden Mundial?), Foreign Affairs, Vol. 71, No. 2 (Primavera 1992), p. 88.

80. Joseph S. Nye, Jr., "Conflicts after the Cold War," (Conflictos después de la Guerra Fría), The Washington Quarterly, Vol. 19, No. 1 (Invierno 1996), p. 9. En un trabajo más reciente, la torta en capas de Nye se convierte en un juego de ajedrez de tres niveles. Véase Joseph S. Nye, Jr., "Redefining the National Interest," (Redefiniendo el Interés Nacional), Foreign Affairs, Vol. 78, No. 4 (Julio/Agosto 1999), p. 24.

81. Wallerstein, The Capitalist World-Economy, (La Economía del Mundo Capitalista) p. 18. Para información sobre la estructura centro-periferia, véase también "New Patterns of Global Security in the Twenty-First Century," (Nuevos Patrones de Seguridad Global en el Siglo Veintiuno), International Affairs, Vol. 67, No. 3 (Julio 1991), pp. 431-451.

82. Véase Mearsheimer, "Back to the Future."

83. Véase Nye, "Conflicts after the Cold War."

84. Véase Barry R. Posen y Andrew L. Ross, "Competing Visions for U.S. Grand Strategy," (Las Visiones en Competencia para la Gran Estrategia de EE.UU.), International Security, Vol. 21, No. 3 (Invierno 1996/97), pp. 5-53.

85. En la Escuela de Guerra Naval, el curso sobre el Establecimiento e Implementación de Políticas del Departamento de Toma de Decisiones sobre Seguridad Nacional es la materialización del análisis liberal.

86. Un ejemplo intrigante puede encontrarse en Christopher Layne y Benjamin Schwarz, "American Hegemony —without an Enemy", (Hegemonía Estadounidense –sin Enemigos), Foreign Policy, No. 92 (Otoño 1993), pp 5-23.